Los 5 sentidos

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LOS CINCO SENTIDOS:

Los cinco sentidos nos permiten percibir el entorno y establecer una relación con él y también podemos percibirnos y observarnos a nosotros mismos. Cuando los sentidos funcionan a pleno y están completamente despiertos somos capaces de lograr una visión global y objetiva de otros o de nosotros mismos. Es como si tuviéramos conectados a la vez varios canales de comunicación con el exterior y esta integración es la que nos permite obtener el máximo de información del mundo.

 A continuación pasaremos a detallar y a explicar cada uno de los sentidos.

El Sentido de la Vista:

La visión es el sentido más importante del espacio y el más desarrollado en el hombre. Del ojo a la imagen, la visión nos da una idea de la proporción, o del tamaño lo cual nos permite reconocer el color, las diferencias, la interrelación entre las ideas y la realidad con el fin de obtener una visión clara.

Astrológicamente hablando, los planetas son órganos vitales o herramientas por las que establecemos contacto con el mundo; en relación con los sentidos, Júpiter es el planeta asociado con la visión. Su posición por Casa -influencia del entorno y nuestras reacciones al mismo, Signo -herencia genética o aptitudes heredadas, y Figura de Aspectos, motivación causal, lo convierte en una herramienta única que nos permite ver y percibir todo lo que hay a nuestro alrededor con total conciencia. Si trabajamos nuestro Júpiter vamos ampliando nuestro campo de visión.

Se considera tradicionalmente el Sol y la Luna como regentes de los ojos derecho e izquierdo, pero dentro del contexto de la Psicología astrológica, estos dos planetas del Yo rigen el cuerpo emocional y la autoconciencia.

El Sentido del Oído:

Después del tacto, el oído es el primer sentido que entra en funcionamiento en nuestras vidas y, muchas veces, el último en apagarse. Gracias a la percepción del sonido podemos relacionarnos con el mundo, captar mensajes que nos envía la naturaleza y disfrutar de la música, entre muchas otras cosas.

Para la localización de un ruido son importantes dos aspectos, el primero es la pequeña diferencia de tiempo con la que llega el sonido a cada oído, y el segundo es la diferencia de intensidad sonora que se percibe entre ambos oídos. Mediante la acción de un centro nervioso que se halla en el tronco cerebral, es posible, para cada ruido, ubicar su origen en el espacio. Escuchando podemos orientarnos ya que así podemos identificar el lugar de donde procede cada sonido.

En el oído, cada sonido queda descompuesto de los distintos sonidos que lo componen, y gracias a esta descomposición el cerebro puede identificar los armónicos de cada uno y puede diferenciar por ejemplo un instrumento de otro o es capaz de distinguir la voz de personas distintas. En la corteza cerebral se integran otra vez los sonidos en una percepción unitaria, global y dotada de sentido.

Nuestro Mercurio es único y si está despierto registra todos los sonidos de nuestro alrededor tanto externos como internos. Si sabemos estar en silencio y aprendemos a escuchar atentamente podemos llegar a captar la esencia de un sonido, registrar cada inflexión de un tono de voz y reconocer la necesidad real subyacente a la misma.

El Sentido del Olfato:

Pocas cosas son tan difíciles de definir como los olores ya que no es nada fácil. Elegimos la fruta que mejor huele y nos sentimos atraídos por personas que huelen bien. Pero todo son sensaciones subjetivas y hay que tener en cuenta las diferencias individuales en la percepción olorosa. Debemos de distinguir entre las sustancias olorosas y las sensaciones que despiertan. La mayoría de imágenes visuales y sonidos son neutros desde un punto de vista emocional, pero un olor casi siempre lleva asociada una sensación agradable o desagradable según experiencias previas o el momento en que lo percibimos. Las aromas son las esencias de los recuerdos.

Marte es el planeta asociado al olfato. ¿Podemos describir las reacciones emocionales que nos causan los olores? Con nuestro Marte podemos distinguir lo que está en el exterior, podemos tener buen olfato para la gente y las oportunidades, y si nuestro olfato está despierto nos da la posibilidad de escoger lo que nos gusta y lo que es adecuado o bueno para nosotros, así como notar el peligro y tomar precauciones. El sentido del olfato nos transmite la cualidad interna de una cosa o una persona.

El Sentido del Gusto:

A diferencia de los otros cuatro sentidos, que son sensibles a un enorme número de estímulos distintos, el gusto distingue únicamente cuatro sabores básicos: dulce, salado, ácido y amargo. Sin embargo, un número mucho mayor de sabores puede ser reconocido gracias a las combinaciones de estos cuatro estímulos básicos y a la colaboración del sentido del olfato, mucho más preciso. Esto último explica porque una disminución de la sensibilidad olfativa causa una aparente disminución de la sensibilidad gustativa: de niños nos pellizcábamos la nariz antes de tragar algo amargo.

La clara influencia de la educación en los gustos de cada persona no impide que existan, de manera innata, preferencias por determinados sabores y recelos ante otros. El conjunto de la especie humana manifiesta un claro apego por lo dulce y una cierta repulsión por lo amargo.

A través de nuestra Venus podemos notar un sabor dulce, ácido o amargo y tener una idea de las cualidades o del valor de una cosa. Con una Venus despierta podemos averiguar las necesidades internas nuestras o de otra persona ya sea en el comer y beber o con la ropa.

El desarrollo del sentido del gusto también nos lleva a distinguir lo que podemos asimilar, y desarrollamos también el sentido de la discriminación, del juicio y de los valores.

El Sentido del Tacto:

El sentido del tacto es ciertamente un sentido peculiar, es probablemente el que más variedad de información aporta al cerebro ya que las vías nerviosas de este sentido transmiten constantemente un sinfín de variadas señales procedentes no sólo de nuestro entorno sino también del interior de nuestro cuerpo. Sensaciones de placer o de dolor y percepciones sobre las formas, el tamaño o la textura de objetos sin que exista la  necesidad de verlos.

Hablamos de sensaciones que ningún avance tecnológico puede medir como lo hace nuestro sentido del tacto. Así, este sentido nos permite apreciar las sensaciones externas de roce, vibración, cosquilleo, presión, calor y frío como nos informa de la postura en la que nos encontramos, el peso que sostenemos, las actitudes de nuestros músculos y la fuerza que realizan, o también nos indica cuando algo no funciona bien por ejemplo en nuestro riñón.

Uno de los planetas, el cual es Saturno está relacionado con este sentido del tacto y podemos experimentar la piel como un órgano primario de los sentidos. A través de la piel podemos percibir el lugar donde estamos y las cosas que se encuentran a nuestro alrededor,  también podemos notar cuando hay alguien cerca de nosotros y percibir conscientemente nuestro cuerpo.

Los Tres Planetas del YO y las Funciones de los Sentidos:

Con el planeta Saturno percibimos y observamos cómo somos realmente, vemos las partes individuales de nuestro cuerpo: pies, manos, etc. y nos vemos tal y como somos en realidad: nuestra forma de andar, de movernos, oímos nuestra voz. La conciencia entra en nuestro cuerpo en esta calidad de YO físico y lo puede recorrer percibiendo que somos seres completos.

En su Luna, cada persona, cada uno de nosotros es un ser de sensibilidad subjetiva que se percibe a sí misma a través de lo que acontece en el entorno y en su propio cuerpo. Y, el YO emocional, juzga subjetivamente en términos de agradable o desagradable, grato y poco grato. Estos juicios se nutren de experiencias y la persona es consciente de ellos como sentimientos de preferencia y aversión, amor y odio, de placer y dolor, etc. Estos mecanismos de simpatía y antipatía, se basan enteramente en la información procedente de los sentidos y en las reacciones a través de ellos. Una actitud objetiva y neutral en los procesos de conciencia y de auto observación nos ayuda a comprender estas reacciones de simpatía y antipatía frente a la realidad.

La coordinación de las funciones de los sentidos la hacemos a través del YO mental, el Sol, cuando asimilamos todas las percepciones sensoriales, relacionándolas entre sí y sacando conclusiones. Discriminamos lo que es importante y lo que no lo es, analizamos, comparamos, reflexionamos, consideramos y buscamos las proporciones adecuadas. Volvemos a comparar con los resultados previos y finalmente formamos un juicio claro, a través del pensamiento objetivo.

Nuestra conciencia creativa busca la solución correcta para el problema existente si es posible, evitando todo tipo de clichés, de respuestas fáciles, de modelos de pensamiento existentes o de conceptos estandarizados. En las experiencias objetivas buscamos soluciones nuevas para los problemas. Se trata de un proceso creativo.

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